Gravity: Flotando en una lata, lejos, encima del mundo

Gravity-595126003-largeLas películas que parten de una premisa sencilla y que son capaces de vivir de ella toda la cinta sin necesidad de incluir ideas nuevas a medida que avanzan tienen algo de mágico y mucho de admirables. Gravity forma parte de este tipo de historias: un grupo de astronautas están tranquilamente realizando unas reparaciones en el telescopio Hubble cuando son violentamente alcanzados por los restos de un satélite ruso. Sandra Bullock y George Clooney son los únicos supervivientes que, incomunicados con Houston en la frialdad del espacio, tienen la comprensible necesidad de volver a casa. Quien quiera una historia más desarrollada que no la busque en Gravity porque no la tiene, ni falta que le hace.

Tampoco es una película, como se podía pensar por el tráiler, de las que aprieta el acelerador al principio de la película y no lo suelta hasta el final, al estilo United 93. En realidad Gravity tiene bastantes momentos de calma tensa. El mexicano Alfonso Cuarón siempre ha sido un extraordinario hipnotista visual y en esta cinta desata todo su talento. Largos planos secuencia, imágenes llenas de colorido, jugando con los atardeceres de la tierra en contraste con la oscuridad del espacio. Incluso en las secuencias de acción, donde reina la destrucción y los restos de los impactos llenan la pantalla, Cuarón mantiene una cámara fría y distante, totalmente estable y sin la menor sacudida. La sensación de angustia que transmite la película en varios tramos es innegable -similar a la que se puede sentir en Buried o en 127 horas a pesar de que estar a la deriva en la inmensidad del espacio pueda parecer opuesto a estar atrapado en un ataúd-, pero esa sensación no es nada comparada con la fascinación que genera. Fascinación por su belleza visual –como con las cintas de Guillermo del Toro, uno podría decorar su casa con fotogramas de las películas de Cuarón-, por sus efectos de sonido y por la elegante sencillez con la que la película soluciona sus elementos narrativos, donde únicamente peca en algún momento de un cierto exceso de emotividad. Vistos todos los elementos que mezcla Alfonso Cuarón es fácil pensar que al mexicano se le ocurrió la idea mientras escuchaba Space Oddity de David Bowie.

Y la tarea de vincular al espectador con todo esto recae en los hombros de Bullock y Clooney. El guión de la cinta tampoco se esfuerza en desarrollar grandes personajes sino que apenas da dos trazos de cada uno. Él, un viejo lobo de mar versión espacial, y ella, una doctora primeriza en los vuelos espaciales marcada por la muerte de su hija. A partir de ahí la credibilidad de los personajes depende únicamente de su interpretación. Clooney hace lo mejor que sabe hacer, lucir sonrisa Colgate y dejar que su carisma haga el resto por él, mientras que Bullock… ¡Ay, Sandra Bullock! Nadie puede dudar de la capacidad de la actriz para en éxito de taquilla cualquier película en la que pone un pie, sin embargo su filmografía si que permite dudar de su capacidad interpretativa. Nunca ha logrado convencer, ni con su papel en la sobrevaloradísima Crash, ni su inmerecido Oscar por The Blind Side… hasta hoy. Debo reconocer, jamás pensé que Sandra Bullock podría hacer que sufriera tanto por ella. Llegado el momento, esta superviviente que lleva una pequeña Teniente Ripley dentro se echa a las espaldas la película, el espectador, la gravedad de la Tierra y todo el vacío interestelar y no lo suelta hasta que comienzan los créditos. Señora Bullock, se ha ganado usted mi respeto.

Globalmente, Gravity es una película magnífica pero hay un elemento que generará un cierto debate: la banda sonora de Stephen Price (Attack the Block, The World’s End), o mejor dicho el uso que la película hace de ella. Se trata de una banda sonora pomposa, emocional y épica, que en muchos momentos parece contradecir el planteamiento con el que Cuarón aborda la película, con esa cámara estable que no se ve afectada por las explosiones, y muy especialmente por cómo se plantean los sensacionales efectos de sonido: en el espacio no hay ruido, por lo tanto todos los golpes que oímos son roces y vibraciones que los personajes perciben a través de sus trajes o del equipo de radio. Esto a veces causa que se haga raro el oír música en primer plano, una banda sonora que por otro lado es magnífica. ¿Hubiera funcionado mejor una versión desnuda sin música? En principio parece la opción más coherente, pero tampoco cabe la menor duda de que en la sala de montaje se probaron ambas opciones y si al final se optó por esta es por algo, una opción que sin duda funciona.

Siempre se ha dicho que es mucho más importante el desarrollo de una idea que la genialidad de esta, y Gravity es un gran ejemplo. Una sencilla y emocional historia de supervivencia, un par de personajes con gancho y un fascinante espectáculo visual son suficientes para tener al espectador clavado en la butaca, y clavado a gusto, durante hora y media. Para eso y para que  Sandra Bullock finalmente nos demuestre que no sólo es una máquina de hacer dinero, que también puede ser actriz. Y todo con sabor a David Bowie.



Categorías:Críticas

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2 respuestas

  1. “un par de personajes con gancho”

    Te has quedado a gusto con el chascarrillo, eh?😛

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