Guerra Mundial Z: El desastre no fue para tanto

WWZ-POSTER-OK.PDF-page-001Que al acabar una película la primera persona en aparecer en los créditos sea el director de la segunda unidad en vez del director principal de la cinta dice mucho de la guerra que puede haber sido ese rodaje. Ese es el caso de Guerra Mundial Z, adaptación del blockbuster de Max Brooks del que toma el título, que hay zombies y nada más. La película estaba prevista para su estreno durante las pasadas navidades, pero se retrasó seis meses debido a que había que volver a rodar media película para salvar la criatura, con un tramo final reescrito por Damon Lindelof  -el hombre que la lió parda con los finales de Perdidos y Prometheus- y que ha acabado por disparar el presupuesto hasta los 190 millones de dólares, posiblemente la película de zombies más cara de la historia. Y el muñeco de las hostias en este caso ha sido Marc Forster, director de la película, que brillante en cintas como Descubriendo nunca jamás o Monster’s Ball confirma los problemas que tiene a la hora de llevar una cinta de alto presupuesto, como ya apuntaba en Quantum of Solace.

Adaptar el libro de Max Brooks en una película convencional era absolutamente imposible, y apostar por el formato de falso documental -que era lo lógico- era demasiado arriesgado para una película planteada para reventar la taquilla, por lo que el guionista original Matthew Michael Carnahan (Leones por corderos, La sombra del poder) tiró recto y se sacó de la manga una historia que tiene poco que ver con la original, organizada a partir de entrevistas a distintos testimonios en todo el mundo que muestran los cambios que geopolíticos que sufre la humanidad tras un apocalipsis zombie. En la película, básicamente vemos a Brad Pitt corretear por distintos puntos del planeta matando algún zombie mientras trata de averiguar la causa de tan grave problema. Lo cierto es que, en realidad, Guerra Mundial Z no es una mala película, pero no tiene nada especial en un género que en los últimos años ha aportado obras realmente interesantes como el libro que adapta, la saga de cómics The Walking Dead, la serie británica In The Flesh, 28 días después de Danny Boyle o el videojuego The Last of Us. Todas estas historias tienen en común que los zombies (o su variante ‘infectados’) son la excusa para poner a los protagonistas en situaciones límite y analizar el comportamiento humano cuando se debe hacer lo que sea por sobrevivir. Este factor queda prácticamente eliminado de la película que dirige Marc Forster, donde todo el mundo ayuda a Brad Pitt: soldados, miembros de la inteligencia israelí… nadie trata de sacar provecho de la situación ni nadie tiene motivaciones ocultas, lo que acaba por general una atmósfera muy naif para ser lo más parecido al fin del mundo que ha conocido la humanidad.

Además, Brad Pitt -un actorazo al que muchos no valoran suficiente, tal vez por su condición de guapo- no está a su nivel habitual y deja uno de los papeles más sosos de su carrera. En defensa del actor hay que decir que los continuos cambios de guión sobre la marcha y el caos del rodaje no deben haberle ayudado. Tampoco Mireille Enos (protagonista de The Killing) brilla como nos tiene acostumbrados, aunque el peor parado aquí es Matthew Fox. El que fuera protagonista de Perdidos tenía un papel principal en la película que los continuos cambios han reducido prácticamente a la condición de extra (es el piloto del helicóptero en el que huyen los protagonistas al inicio de la cinta).

Pero Guerra Mundial Z también tiene sus virtudes, y la principal de ellas es que a pesar del infernal rodaje todo encaja bastante bien y sin dar la sensación de parcheado que suelen generar las películas en las que se tiene que volver a rodar una buena parte de su metraje. La historia puede pecar de ser algo plana, pero avanza con lógica y con muy buen ritmo. Por otro lado, y en contra de lo que se podía esperar de una película de Marc Forster (aunque nunca sabremos hasta qué punto el producto final se puede considerar suyo), las secuencias de acción lucen muy bien y explota con inteligencia los distintos tipos de escenas que pueden crear los zombies: desde estampidas de no-muertos donde reina la destrucción hasta secuencias en que los protagonistas se tienen que mover sigilosamente sin ser detectados por los muertos vivientes. Quizá no sea suficiente para que la película sea recordada cuando pase el tiempo, pero sí para salvar un producto que todo indicaba que iba a ser un desastre. Además, el punto de vista que plantea, el de las autoridades que tratan de limitar el impacto del estallido zombie, ha sido poco explotado en el cine, más dado a mostrar supervivientes abandonados en un mundo en el que todos los gobiernos han caído.

Planteada como el inicio de una trilogía, algo que queda patente en un final que resulta ser un nuevo inicio, parece muy poco probable que veamos las siguientes entregas después de que este rodaje haya causado infartos y brotes psicopáticos entre los responsables de Paramount, aunque queda por ver cual es la siempre definitiva sentencia que dicta la taquilla. Si estas secuelas llegan a existir, Guerra Mundial Z contiene virtudes e ideas a las que se les podría sacar mucho jugo en el futuro. Si no existen, Guerra Mundial Z quedará como una película algo plana pero que pudo haber sido mucho peor, y que no supo aprovechar del todo las buenas ideas que tenía.



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