Star Trek en la oscuridad: Una nueva esperanza

Pocos podían imaginar que verían al encargado de dirigir Star Trek dirigir las nuevas entregas de Star Wars. Para muchos eso podría ser como si un entrenador se hiciera cargo a la vez de el Barça y del Real Madrid. Seguramente la única persona capaz de hacer eso es el hiperactivo JJ Abrams, siempre metido en todos los ajos que puede.

Han pasado cuatro años desde que el creador de Perdidos estrenase su primera entrega de las aventuras de la Enterprise, un reboot-pero-no-porque-es-una-realidad-alternativa que no pasaba de ser una cinta correcta. Espectacular visualmente, pero con actuaciones planas -a excepción de Zachary Quinto- una trama que se liaba sobre si misma mucho más de lo necesario y que acababa por dar la sensación de ser una introducción excesivamente larga. Lo mejor que tenía aquella cinta es que una vez planteados los personajes y las relaciones entre ellos podía dar pie a buenas secuelas, un poco al estilo de lo que ocurrió con la saga X Men hasta que Singer se bajó del barco. Y así ha sido.

De Star Trek en la oscuridad se puede decir lo mejor posible de este tipo de películas: que te lo pasas como un enano. Olvidados los caos temporales de la anterior entrega y sin la necesidad de presentar a los personajes, Abrams se lanza desde el minuto uno con una trama menos enrevesada de lo que nos tiene acostumbrados, sin la necesidad de pasar por el punto Y, Beta y -3 para ir del punto A al punto C, con un ritmo fantástico y un espectáculo visual sobresaliente lleno de esos reflejos en la lente marca de la casa.

Chris Pine sigue sin ser el mejor protagonista pero mejora notablemente la actuación de la primera cinta. Además Zachary Quinto ya no está sólo a la hora de arropar a Pine gracias a la incorporación de Benedict Cumberbatch como villano principal. Esta es otra de las grandes evoluciones de una entrega a otra. Eric Bana era uno de los enemigos más sosos que la ciencia ficción ha visto en los últimos años, Cumberbatch, en cambio, crea un personaje inquietante, difícil de descifrar y con un aura de invencibilidad que tensa mucho la historia. También digno de mención el magnífico acompañamiento musical de Michael Giacchino que da un nuevo paso para convertirse en el nuevo John Williams.

Para un fan de Star Wars que nunca se ha visto excesivamente atraído por el universo Star Trek se hace muy complicado no interpretar esta película en clave Episodio VII y las conclusiones no pueden ser mejores. Abrams se aparta de sus neuras espaciotemporales y firma la que seguramente sea su mejor película desde Mission: Impossible III, redimiéndose del semifallo (siendo generosos) titulado Super 8. Star Trek en la oscuridad no sólo es una gran muestra del potencial de entretenimiento que tiene este nuevo universo de la Enterprise, sino que también es la presentación del futuro esperanzador que le espera al Star Wars post-Lucas si Abrams sigue esta línea y no mete demasiada mano en el guión de Michael Arndt.



Categorías:Críticas

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