James Gandolfini, el gángster en albornoz

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A los 51 años de un fulminante ataque al corazón, mientras estaba de vacaciones y con una serie de proyectos bastante interesantes en el horizonte. Así ha muerto James Gandolfini, quien dio vida al mítico Tony Soprano durante seis temporadas, casi como si aquel corte a negro con el que acababa la serie fuese una premonición.

Su carrera como actor comenzó con 26 años, en una comedia titulada Shock, Shock, Shock que nadie recuerda y, según IMDb, con un papel sin acreditar en la mítica El último Boy Scout, protagonizada por Bruce Willis. Su primer papel memorable fue en Amor a Quemarropa, de Tony Scott con guión de Quentin Tarantino, donde interpretaba a Virgil, un asesino de la mafia que daba una paliza espeluznante a Patricia Arquette en una escena bestial, en todos los sentidos de la palabra. Allí dejó para el recuerdo un monólogo estremecedor 100% Tarantino. A partir de entonces comenzó a desarrollar una interesante carrera como secundario con papeles en películas como Coacción a un jurado, El hombre que nunca estuvo ahí de los Hermanos Coen, Perdita Durango de Alex de la Iglesia (donde se ponía piedras en los zapatos para simular cojera) o Última fortaleza con Robert Redford.

Pero es un papel, uno sólo, el que hace que a su muerte se esté dando a Gandolfini el tratamiento de un grande: Anthony John Soprano, más conocido como Tony. Uno de los mejores personajes de la historia de la televisión, si no el mejor. Puede que un único gran papel parezca poco como para calificar a un actor como uno de los más grandes, pero al final de Los Soprano la serie sumaba casi 90 horas de metraje en los que él había sido la gran estrella. Una cifra al alcance de pocos. La serie se ha comparado mucho con El Padrino, para muchos la mejor película de todos los tiempos. Eso conlleva una inevitable comparación de Tony Soprano con Vito Corleone, y desde luego Gandolfini no sale perdiendo en la comparativa con Marlon Brando. Casi nada. Es más, el actor de Nueva Jersey crea un personaje mucho más humano, cercano, sin ese aura casi mística de infalibilidad del padrino que crea un elemento de fascinación. A Tony Soprano no se le admira, a Tony Soprano se le quiere. Gandolfini logró que todos nos sintiéramos identificados y que llegásemos a querer a un personaje que en la vida real a todos nos parecería repulsivo, que tan pronto nos sorprendía con un acto despreciable en un momento de ira descontrolada como nos volvía a ganar con una de esas sonrisas casi infantiles. Tony era un personaje tremendamente frágil en un mundo en el que dar una muestra de debilidad estaba castigado con la muerte. Sólo el espectador y la doctora Melfi estábamos invitados a ver esos momentos de flaqueza, esos paseos míticos paseos por los pasillos de su casa, como un alma en pena, con un albornoz y una taza de café de un tipo que en la oficina mataba gente.

Los Soprano inauguró una época en la que la televisión refleja una realidad compleja en el que nada es totalmente blanco ni totalmente negro, abriendo camino a otras series como The Wire, Dexter, A dos metros bajo tierra, Juego de Tronos o Mad Men donde los personajes tienen actitudes morales más que dudosas o reprobables, algo que hasta entonces era muy raro en la televisión americana. Incluso cadenas en abierto, que suelen tener actitudes un poco puretas, han dado a luz protagonistas como Jack Bauer, que se mueven en terrenos éticos bastante oscuros.

Por alguna razón, el cine se negó a darle un gran papel a la altura de sus cualidades. Tras el final de Los Soprano en 2007 apareció en In The Loop, puso voz a uno de los personajes de Donde viven los monstruos, apareció en Mátalos Suavemente y ejerció de director de la CIA en La noche más oscura, pero de nuevo siempre con papeles secundarios. Está pendiente de estreno en España Not Fade Away, el debut cinematográfico de David Chase (creador de Los Soprano), en la que Gandolfini participa también como secundario.

Además, el actor estaba preparando su regreso a la televisión. Iba a protagonizar junto a Steve Carell Bone Wars, una TV movie para la HBO en la que se relataba la rivalidad de dos paleontólogos. Pero su proyecto más esperado era el remake de la serie británica Criminal Justice, en la que iba a encarnar a Jack Stone, un abogado poco escrupuloso que se paseaba por las comisarías en búsqueda de clientes necesitados a quien sacarles los cuartos. Originalmente la HBO rechazó el proyecto, pero ante el interés de otras cadenas decidieron reconvertirla en una serie limitada de 7 episodios. Con la muerte del que iba a ser gran estrella, el proyecto está en el limbo. El piloto ya estaba rodado, con lo que puede acabar convirtiéndose en el testamento televisivo de James Gandolfini.

Hoy estamos viviendo edad de oro de las series de televisión, que desde hace diez años superan con creces la calidad de las películas que podemos ver en los cines. Este momento de gloria televisiva es imposible de entender entender sin Los Soprano, y el éxito de Los Soprano no se explica sin el extraordinario papel y el magnetismo de James Gandolfini, la punta de lanza de la serie. Se ha ido joven y todavía podía habernos regalado más papeles a la altura de su enorme talento. Pero Gandolfini se puede ir con la cabeza bien alta, porque un solo gran papel le ha bastado para contribuir a dar un giro a la historia del audiovisual.



Categorías:Series de televisión

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