The Walking Dead: La gran decepción

twd-s3-key-art-796-1176Pocas series han creado tanta expectación a su alrededor como The Walking Dead, y mucho menos una del género zombies. Razones había y muchas: para empezar. los cómics de Robert Kirkman son una maravilla. Después de 108 números publicados no hay muestras de que vaya a flaquear y todavía consigue sorprender. La serie estaba creada por Frank Darabont, director de una obra maestra como Cadena Perpetua, y AMC era el canal responsable de Mad Men, la mejor serie que se emite actualmente, y Breaking Bad. Los astros parecían alineados para que la audiencia descubriera que las historias de zombies no sólo son monstruos destripando a personas y personas volando la cabeza de monstruos, y el magnífico piloto parecía confirmar las expectativas. Pero a partir de ahí todo fue cuesta abajo.

Se hace difícil calificar de decepción una serie que en su tercera temporada ha logrado superar prácticamente cada capítulo los 10 millones de espectadores y que ha llegado a los 12,4 en su episodio final, una auténtica animalada para una cadena de cable y una buena audiencia incluso para serie en abierto (Revolution, el gran éxito de esta temporada de la televisión generalista, ronda los 7,5 millones. El último episodio de un fenómeno social como Perdidos reunió a 13,57 millones de personas. En las cadenas de cable, el capítulo con más audiencia de True Blood, la serie más vista de la HBO, tuvo 5,53 millones de espectadores, mientras que el estreno de la tercera temporada de Juego de tronos tuvo 4,40. El canal Showtime tiene su récord de audiencia con el último episodio de Dexter con 2,75 millones. En la AMC, ni Breaking Bad ni Mad Men han logrado nunca superar los tres millones). Sin embargo, si hablamos de términos de calidad no se puede definir de otra manera. Ya en la primera temporada se empezó a notar una tendencia peligrosa. Igualar el nivel del piloto era complicado, pero cuando cada capítulo es peor que el anterior tienes un problema grave. La turbulenta y poco explicada salida de Frank Darabont al final de la primera temporada y el recorte de presupuesto supuso una catastrófica segunda temporada: lenta, previsible, sosa, nada espectacular y, en definitiva, aburrida.

Todo pareció cambiar cuando arrancó la tercera temporada, basada en el arco de la cárcel y el Gobernador de la obra de Kirkman. Todo tenía el aroma de las viñetas, la crudeza de los sucesos no se disimulaba, por unos capítulos la serie se hizo tan imprevisible, agobiante y valiente como como los cómics. Incluso los actores, especialmente Andrew Lincoln (Rick, el protagonista), parecieron crecer de golpe. De la mano de Glen Mazzara, showrunner de la serie tras la salida de Darabont, The Walking Dead había abrazado el espíritu de la novela gráfica y eso era una noticia fabulosa. Pero aquello resultó ser el canto del cisne; llegó el parón navideño y de nuevo las turbulencias. Se anunció la renovación de la serie pero de nuevo rodaba la cabeza del máximo responsable. Glen Mazzara, showrunner, no seguiría debido a fuertes diferencias con Robert Kirkman, creador de los cómics y productor ejecutivo de la serie, que habían llegado incluso a paralizar el rodaje varios días.

Cuando la serie regresó en febrero todo volvía a tener el mismo color monótono que en la temporada anterior. Al contrario de lo que suele y debería pasar, conforme se acercaba el clímax más cansino se hacía la historia. Es perfectamente loable que los guionistas quisieran construir el final con calma pero en este caso lo sobrecocinaron. Por el camino posiblemente batieron  el récord mundial de capítulos de relleno consecutivos, llegando al ridículo a dos episodios del final, el 14, donde lo que podía haber sido explicado en dos secuencias se estiró hasta 40 estúpidos minutos de capítulo coronados con un risible cliffhanger. Llegados al último episodio de la temporada, por fin hemos visto la acción que se esperaba pero absolutamente falta de épica y de emoción. El giro final, que ya se mascaba en el arranque de la temporada y se telegrafiaba desde hacia unos cuantos episodios, acaba por hundir una serie que podía haber sido magnífica.

Los cómics de Kirkman siempre se centran en los conflictos humanos, tanto internos como externos, y los zombies son una simple excusa para colocar a los personajes en situaciones extremas donde tienen que tomar decisiones casi imposibles en las que chocan su humanidad y su instinto de supervivencia. Hasta ahí la serie de televisión ha hecho bien los deberes, el problema es la timidez a la hora de resolver estos conflictos. The Walking Dead son unos cómics descarnados que te hacen dudar de si el título se refiere a los zombies o a los supervivientes, donde los personajes toman caminos que sólo pueden ser calificados de salvajes pero que en la situación que se dan hace que el lector realmente tenga dudas de si ellos no hubieran reaccionado igual. La serie fracasa estrepitosamente en este aspecto debido fundamentalmente a la falta de valentía a la hora de plantear y resolver estas situaciones, edulcoradas hasta la diabetes con respecto al original. Sin duda esto ha ayudado a acercar la serie al gran público pero amputa el verdadero potencial de la serie que por un momento vimos al principio de esta tercera temporada. A la vista de como ha continuado, es un gran momento para bajarse del barco.



Categorías:Series de televisión

Etiquetas:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: