Los miserables: Momentos brillantes que se pierden en el tedio como lágrimas en la lluvia

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Los musicales son un género que se me hace complicado. No me gustan las críticas en primera persona que explican más de los gustos del autor que de la película de la que hablan y menos esas críticas en las que se contabilizan el número de veces que se ha mirado el reloj, pero en este caso me parece imposible empezar de otra manera: los musicales me aburren soberanamente. Fui a ver Los miserables sabiendo que durante muchos minutos lucharía contra el peso de mis párpados y durante el visionado confirmé esa tesis. A partir de aquí, que cada uno interprete esta crítica como crea conveniente.

Dos años después de ganar el Oscar a mejor director y mejor película por la azucarada El discurso del rey, Tom Hooper se lanza a adaptar el musical Los Miserables de Claude-Michel Schönberg basada en la novela de Victor Hugo. Nos encontramos ante un mastodonte de 157 minutos de duración íntegramente cantado. No es de esos musicales tipo Disney en los que los personajes se comportan normal hasta que de golpe les da algún tipo de derrame cerebral y se ponen a cantar y bailar a pesar de que toda su familia acaba de morir. Aquí desde el primer fotograma hasta el último es cantado. Esto podrá gustar a los aficionados al género pero puede crear una fuerte adicción a la morfina en otro tipo de audiencias.

En este escenario, Hugh Jackman se mueve como nadie. Aunque para el gran público es conocido por su papel de Lobezno en la saga X-Men, el actor australiano había participado antes en numerosos musicales de Broadway, y presentó la semi-improvisada gala de los Oscars de 2008 -ahogada por la huelga de guionistas- que salvó precisamente con sus números musicales. Jackman interpreta a Jean Valjean con la fuerza y la personalidad que le caracterizan, agigantándose a medida que avanza la cinta. Russell Crowe, en cambio, no parece tan cómodo en un género tan exigente, a pesar de tener experiencia como vocalista. Un tanto perdido, su presencia es devorada por Jackman y en consecuencia el personaje de Javert no parece todo lo intimidador que debería ser. El contrapunto lo ponen Sacha Baron Coen y Helena Bonhan Carter (que poco a poco se está convirtiendo en Johnny Depp), capaces de arrancar risas en medio de un mar de tedio.

Pero si del reparto hay alguien que realmente destaca, esta es Anne Hathaway. No tiene muchos minutos de pantalla, por desgracia, pero le sobran para erigirse como ganadora por adelantado del Oscar a mejor actriz secundaria. Apenas un larguísimo primer plano de ella interpretando I Dreamed a Dream. Cantando, llorando, sufriendo. No le hace falta más cuota de pantalla para desgarrar al espectador en lo que sin duda es el mejor momento de la cinta.

La historia sigue la vida de Jean Valjean (Jackman) a lo largo de varios años, girando en torno a dos tramas principales, Valjean huyendo del inspector Javert (Crowe) y su relación paterno-filial con Cosette (Amanda Seyfried). Si bien la primera funciona todo lo bien que puede funcionar una caza humana en la que sus participantes están todo el día cantando como si estuvieran de LSD hasta las cejas, la segunda se hace un poco pastelosa, especialmente en el momento en el que se enfanga con los amores de la joven.

Hay que reconocerle a Tom Hooper que realmente consigue momentos de gran espectáculo audiovisual, aunque no con la frecuencia que exige un género como el musical. La película puede atrapar al espectador por los ojos y las orejas cuando la épica acompaña, esto ocurre especialmente en el último tercio de cinta, cuando en la Rebelión de junio el pueblo francés enarbola las banderas tricolores al grito de “liberté, égalité, fraternité” y montan un 15M como dios manda. Sin embargo, durante el resto de la cinta la dirección del británico no está a la altura de las circunstancias, abusando de zooms y movimientos de cámara como si estuviera sufriendo un ataque de epilepsia que recuerda demasiado a Moulin Rouge.

Es posible que los aficionados al género disfruten de Los miserables, al fin y al cabo hay que reconocer que la cinta tiene algunas virtudes y un puñado de momentos brillantes que de diluyen como lágrimas en la lluvia en más de dos horas y media de gente cantando. Al resto de la humanidad la cinta se les va a hacer muy muy dura y lo mejor que pueden hacer es irse a la sala de al lado, sea cual sea la película.



Categorías:Críticas

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1 respuesta

  1. No voy a criticar tu crítica porque desde un principio dices que no te gustan los musicales, pero hay una cosa en la que no estoy de acuerdo en absoluto Russel Crowe esta inmenso (y eso que para mí es un actor bastante mediocre), tiene momentos espectaculares y posiblemente uno de los momentos más impresionantes. Respecto a tu opinión no la comparto, a mi me ha gustado y mucho la película, pero has hecho un gran esfuerzo sobretodo sabiendo que no te gusta este género.

    Un saludo y enhorabuena por el blog

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