El Hobbit: Un viaje inesperado | Medio camino, pero bonito camino

El_Hobbit_un_viaje_inesperado-249234415-largeOnce años han pasado desde el estreno de La comunidad del anillo, la primera entrega de la trilogía El Señor de los Anillos, que acabó recaudando casi tres mil millones de dólares y ganando diecisiete Oscars. Sólo el lío entre New Line, MGM y Warner por los derechos evitó que viéramos El Hobbit de manera inmediata, luego vino la suspensión de pagos de MGM que estuvo a punto de matar el proyecto y más tarde la no del todo bien explicada salida de Guillermo del Toro, que tenía que dirigir la cinta. Al final el propio Peter Jackson, que sólo tenía intención de producir, se puso al frente de una adaptación más complicada de lo que parece.

Sí, el libro es más fino que su mastodóntica secuela, y el tono es muchísimo más infantil. Tan distinto es que tras la publicación de El Señor de los Anillos el propio Tolkien hizo varios cambios en El Hobbit para que ambas obras encajasen -por ejemplo, todo el capítulo del encuentro de Bilbo y Gollum está reescrito, ya que originalmente la criatura regalaba voluntariamente el anillo al protagonista al perder el concurso de adivinanzas, algo que chocaba frontalmente con la naturaleza del artefacto descrito en la secuela-. Peter Jackson tenía este reto prácticamente por partida doble, ya que el espectador conoce de antemano el tono solemne y épico de la serie y tenía que, si no igualarlo, cuadrarlo. Esto obliga a justificar muchas situaciones que en el libro no hacía falta. ¿Que trece enanos se disponen a derrotar ellos solos a un dragón que ha arrasado ejércitos enteros? ¿Que estos enanos deciden llevar consigo a una pequeña criatura que en el sitio más salvaje en el que ha estado es el porche de su agujero? En el libro cuela perfectamente por ser un relato infantil, pero no con el tono que Jackson busca. Esto le obliga a incluir escenas en las que se justifique estos hechos -sin sacarse nada de la manga, siempre recurriendo a escritos de Tolkien que también parecía preocupado por el encaje entre El Hobbit y El Señor de los Anillos– que en ocasiones lastran el avance de la historia.

Otro problema al que se enfrentaba Jackson era la estructura extremadamente episódica del libro. Hasta que llegan a la montaña, dos tercios de El Hobbit son aventuritas prácticamente inconexas a las que Bilbo y los enanos hacen frente durante el viaje. Esta estructura funciona bien por -de nuevo- el tono infantil y por que en los últimos prácticamente todos los amigos y enemigos que se han encontrado por el camino se reúnen en el clímax de la historia dándole una sensación de estar mejor tramada. Al decidir dividir la historia en varias cintas y “elevar” el tono del cuento, Jackson se queda sin ninguno de estos recursos para la primera parte de su adaptación. De ahí que opte por ampliar y estirar, esta vez sí como un chicle, el enfrentamiento entre el orco Azog y Thorin. Habrá que ver las dos continuaciones para poder decir si esta era o no la mejor manera de solucionar este aspecto, pero no cabe duda que algo así se tenía que tomar o se corría el riesgo de que la película se convirtiera en prácticamente una colección de viñetas sin excesiva conexión entre una y otra. Además también se presenta la trama del Nigromante y el Concilio Blanco, que sirve para conectar la historia con El Señor de los Anillos. Aunque esto no aparece en el libro, Tolkien sí menciona al hechicero en las primeras y últimas páginas, dando a entender que Gandalf y el resto de magos tienen algún tipo de enfrentamiento con él, algo que el autor detalla en la segunda parte y que, además, tiene un impacto tangencial en la trama principal. Por eso no se puede decir que Jackson estire una historia que no da más de si, ya que precisamente lo que hace es ordenar una historia más grande que Tolkien había dejado desparramada por diversas obras.

Los personajes protagonistas están fabulosamente interpretados por Martin Freeman (Bilbo), Ian McKellen (Gandalf), y Richard Armintage (Thorin), pero junto a ellos hay permanentemente otros doce enanos que podían ser un problema. Dejando de lado a Balin, el mayor, y hasta cierto punto, Bombur, el gordo; Kili y Fili, los más jóvenes, los libros no dan más diferencias entre los enanos que el color de sus capuchas, y cuando estás viendo a los personajes danzar por la pantalla no tener manera de distinguir entre ellos puede dar una sensación muy pobre, y tampoco se podía entrar a detallar la historia de mucho de cada uno sin aumentar ridículamente la duración de la película, ya excesiva. Puede que el diseño de muchos de los enanos no entren dentro del prototipo de señor bajito, rechoncho, con una gran barba, y un hacha más grande que ellos, pero sin duda ayuda a diferenciarlos fácilmente y además hace fácil imaginarse cómo es cada uno de ellos. Desde aquí nos declaramos fans de Dwalin.

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El Hobbit: Un viaje inesperado tiene un defecto importante: siendo benévolos, le sobran 30 minutos. Son cerca de tres horas que dan la sensación de estar viendo la edición extendida. Como si, al decidir hacer tres películas en vez de dos, Jackson se desmelenase y decidiera meter todo el material que tenía grabado. Hará las delicias de los fans -excepto de aquellos que tengan una vejiga urinaria pequeña-, pero dudo que al gran público le interese demasiado saber el origen de las espadas de Gandalf y Thorin. Por no hablar del (segundo) prólogo en el que vemos a un anciano Bilbo y a Frodo, no aporta nada a parte de permitir que Elijah Wood y Ian Holm hagan su cameo. Son cinco minutos que no contribuyen nada, y en una película todo lo que no suma, resta. Si sumamos que, pese a los cambios introducidos, la historia avanza a trompicones en algunos tramos hace que pueda hacerse pesada en ciertos momentos.

Es cierto que Un viaje inesperado no tiene la grandeza de El Señor de los Anillos y a veces da la sensación de que Peter Jackson se ha quedado a medio camino entre el tono del libro original y el de su trilogía, pero no cabe duda que estamos ante una estupenda película de aventuras, que a pesar de su excesivo metraje divierte mucho. Y sin olvidar que para juzgar del todo esta película primero hay que esperar a ver sus continuaciones, ya que mucho de lo que puede parecer relleno gratuito es muy posible que tenga su razón de ser. Claro que aquí uno con Tolkien se pone muy facilón.

NOTA: Sobre el asunto de los 48 frames por segundo no puedo hablar ya que el pase fue en 3D normal y corriente. Un 3D bastante innecesario y que no aporta nada, dicho sea de paso.



Categorías:Críticas

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2 respuestas

  1. yo podria añadir que los 48 frames dan una sensacion extraña (debido a 34 años de visionados a 24fps…)
    pero lo mas importante es que en 3D y 48fps…no marea…por lo menos a un servidor…pero se nota tela el cambio de un trailer en 3D normal de man of steel al 3D 48fps del principio del hobbit…eso si…no creo que sea muy necesario el hobbit en 3D…ni por las pocas escenas…ni de coña…que no merece la pena el 3D

  2. Tengo que decir que en mi opinión no le sobran 30 min le sobra más de una hora, han decidido distribuir la Versión extendida del DVD con todos los extras… gran cantidad de secuencias larguísimas con una sensación de pesadez y de que no aportan nada. Si la película durara 90 min no me quejaría pero es excesiva

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