Melancolía: Todo calmado en el fin del mundo

Defensores o detractores de Lars von Trier, nadie puede negar la capacidad del danés para hacer lo que le da la gana, cuando le da la gana y como le da la gana. No queda mucho que decir de un tipo que desarrolla un manifiesto cinematográfico para, a continuación, hacer sistemáticamente lo contrario a lo que defendía con su “voto de castidad”. Instalado en el trono de ‘enfant terrible’ del cine europeo a fuerza de talento puro, de pasarse de frenada, mostrando en primer plano una ablación de clítoris en Anticristo, y de ganas de llamar la atención como cuando aseguró que Hitler le caía simpático. Vistos los antecedentes, es complicado saber como encarar sus películas, si con escepticismo o con entusiasmo. Tras ver Melancolía la duda permanece.

La película se explica a partir de cómo surgió la idea: cuando un psicólogo le explicó a von Trier que las personas con depresión son las que se comportan con más calma en situaciones extremas porque siempre temen lo peor. A partir de aquí, el danés construye la narración en dos partes representadas por dos hermanas: Justine (Kirsten Dunst) y Claire (Charlotte Gainsbourg), aunque lo cierto es que la cinta gira siempre en torno al personaje de Dunst. En la primera parte asistimos a la celebración de la boda de Justine. Lo que empieza siendo una noche feliz acaba desenmascarando las disfuncionalidades de la familia, y la novia acaba tomando una actitud caótica y autodestructiva incomprensible para el espectador. La segunda parte arranca un tiempo después, cuando una extremadamente deprimida Justine se instala a vivir con su hermana y el marido de esta (Kiefer Sutherland) unos días antes de que un planeta llamado Melancolía pase tan cerca de la Tierra que parece que puede desencadenar el fin de los días. A partir de aquí la película se centra en como cada personaje afronta la posibilidad o la certeza de la muerte, desde quien entierra el miedo en una falsa seguridad a quien se desespera. Y sólo la deprimidísima Justine actúa con aplomo.

Lars von Trier -cuyo ego le lleva a poner su nombre encima del título, con el mismo tamaño de letra a pesar de que según su propio manifiesto el director no debía salir en los títulos de crédito- se gusta y dirige sus películas con una cierta actitud de “mira qué bueno que soy” y eso lleva a sus películas a dar bandazos entre la maestría y la mamarrachada: con unas imágenes de belleza difícilmente superable se combinan con algunos momentos no tan brillantes que no aportan demasiado al metraje. Eso sí, esta vez no cae en los excesos de Anticristo, y la película lo agradece. Por otro lado hay que destacar el papel tanto de Kirsten Dunst (cuyo rol fue rechazado por Pénelope Cruz para hacer la cuarta parte de Piratas del Caribe, a quien el director agradece con posible ironía en los créditos) como de Charlotte Gainsbourg: sus extraordinarias interpretaciones son el pilar que sujeta la credibilidad del film. Sin ellas todo temblaría.

Se encienden las luces en la sala y surge la pregunta: ¿Qué me has colado esta vez, Lars? Al final, Melancolía es poco más que la frase del psicólogo explicada con una sucesión de imágenes preciosistas: en situaciones extremas los que se comportan con más aplomo son los deprimidos, porque ellos esperan lo peor. Una estampa de la depresión. Y ya está.

PD: Nunca me cansaré de ver este retrato.



Categorías:Críticas

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