Paranormal Activity 2: Fórmula gastada

Paranormal Activity fue una de las películas de terror más sorprendentes y rentables del 2009, transformando los apenas 15.000 dólares del presupuesto en más de 193 millones de taquilla. Siguiendo el camino de REC, Monstruoso o El diario de los muertos de George A. Romero, era una supuesta recolección de vídeos caseros de una pareja que, tras presenciar fenómenos extraños en su casa, deciden grabar lo sucedido. La diferencia con las anteriores películas es su sutileza. No mostraba ni hordas de zombies ni monstruos gigantescos, se bastaba de unos ligeros sonidos o un leve movimiento de una puerta para transmitir una inquietud y una tensión que muy pocas películas de terror pueden igualar.

Apenas un año después de su estreno en salas (comenzó su periplo en festivales en octubre de 2007) llega la segunda parte, en este caso una precuela que narra como el demonio juguetón acosa a la hermana de la protagonista de la primera parte antes de llegar hasta ella. Con el director del film original, el israelí Oren Peli, centrado en la dirección de Area 51 y limitándose a producir la precuela, Tod Williams (Las aventuras de Sebastian Cole, Una mujer difícil) coge las riendas y repite sin pudor la fórmula. La mayor novedad es que en esta película también hay grabaciones de las cámaras de seguridad de la casa. Por lo demás, más de lo mismo pero sin la gracia, sin la inteligencia y sin la sutileza de Paranormal Activity. Los ligeros ruidos y movimientos de objetos son ahora sartenes voladoras o armarios que se abren de golpe, puede que sea algo mucho más espectacular, pero realmente no llega a espantar como el terror casi minimalista de su predecesora. Por si fuera poco, en su intento por crear una simpática familia feliz, logra que sus personajes sean repelentes, y poco miedo puede pasar el espectador si los personajes amenazados le importan un pimiento.

No sería de extrañar que en unos meses se anunciara una continuación (en sólo un fin de semana en EEUU ha recaudado 41,5 millones frente a los tres que costó), pero no estaría mal que alguien recordara a su director aquello de ‘renovar o morir’, porque si en la segunda parte la fórmula ya no se aguanta, la tercera puede ser para saltar desde un acantilado.



Categorías:Críticas

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