Star Trek: Empezando de cero… o no… ¡yo que sé!

Vaya por delante que nunca he sido un fan de la saga, más bien lo contrario. Siempre he sido más de Star Wars. Apenas he visto un par de películas de Star Trek y algún capitulo suelto que no me entusiasmaron precisamente. Entonces ¿por qué me gasté 6€ (que en realidad fueron 5, la magia de las sesiones matinales) en ver una película que con toda posibilidad no me iba a gustar? Pues porque J.J. Abrams es mucho J.J. Además el propio director admitió que él no era un fan de la saga y que se había inspirado más en Star Wars que en la propia Star Trek, y tras ser acribillada a críticas por los trekkies más integristas, podía merecer una oportunidad. Cris Pine da vida a James T. Kirk, el protagonista de la serie original, un joven rebelde y sarcástico que desborda talento a la hora de pilotar vehículos y el combate espacial. Sí, básicamente viene a ser Han Solo reeditado, pero sin llegar a las suelas de los zapatos del mítico capitán del Halcón Milenario. Tras una mala noche en un bar, pelea incluida, se alista en la flota estelar por sugerencia del capitán Pine y acaba a bordo de la nave U.S.S. Enterprise cuando esta acude al planeta Vulcano cuando es atacado por el malvado capitán Nero, interpretado por un Eric Bana de lo más soso y que no consigue transmitir el más mínimo carisma. Junto a Kirk estará el medio humano y medio extraterrestre Spock, interpretado por un Zachary Quinto que acaba por ser el único actor que logra dar gracia a su personaje, y lo hace con nota. Quinto ya apuntaba maneras de gran actor en Heroes, salvando la serie del pozo de la mediocridad más absoluta él solito gracias a ese gran personaje que era Sylar. Aquí le toca bailar con la más fea: un personaje partido por la lógica y el control de las emociones de su herencia extraterrestre y el ímpetu de su herencia humana, logrando una de las inexpresiones más expresivas vistas recientemente en el cine. Los demás secundarios cumplen sin excesivo brillo. Karl Urban (Eomer en El Señor de los Anillos) comienza fuerte para ir diluyéndose, Anton Yetchlin pretende ser un contrapunto cómico aunque por momentos puede llegar a ser irritante y John Cho podría no haber salido en la película y no habría pasado nada. En cuando a Zoe Saldana… bueno, no le hace falta hacer un buen papel para llenar la pantalla.

Visualmente, la película apabulla. Ya había quedado claro en Mission: Impossible 4 y aquí se confirma: Abrams dirige que da gusto las escenas de acción. Star Trek empieza con una arrolladora secuencia en la que el capitán Nero destruye la U.S.S Kelvin, nave en la que viajan el padre y la madre de Kirk, que no tiene mejor idea que nacer durante el ataque que acaba con la vida de su progenitor poco antes de que su madre él puedan escapar en una nave de rescate y no será la única gran secuencia de acción con la que nos deleitará Abrams, por cierto, opta por usar reflejos en las lentes para dar un look diferente al film, un detalle interesante si no fuera porque lo usa en cada escena y acaba perdiendo prácticamente todo su sentido. Esta maquinaria visual está apoyada en todo momento por la enorme banda sonora del siempre efectivísimo Michael Giacchino, que lleva el camino de convertirse en el nuevo John Williams.

Y llegamos a la parte peliaguda de la película: la trama. El mayor problema de Star Trek es que cuando la película acaba tienes la sensación de haber visto una introducción de dos horas cuya intención no es otra que plantear un punto de partida para las secuelas. A esto se le suma que Abrams es un tipo que cree que el trayecto más corto entre dos puntos es una espiral infinita con un viaje en el tiempo de por medio. Esto funciona bien en una serie como Perdidos, pero en una película acaba por marear un poco al personal. El director neoyorkino se obsesiona por contentar a todos, creando una película que no es ni un reset de la saga, que ahora están muy de moda, ni una precuela, sino que acaba siendo las dos cosas y ninguna, creando un rollo de universos paralelos que, a mi que me perdonen, pero se hace un poco excesivo ¿No hubiera sido más fácil decir “nos estábamos haciendo la picha un lío con la saga, empezamos de cero?

Una vez superado el problema de las presentaciones, es posible que las secuelas tengan un nivel notable, como ocurre con X-Men, que la primera parte también era una mediocre introducción para dos notabilísimas secuelas. Sin embargo, mientras que X-Men contaba con un gran plantel de actores y personajes potentes, en Star Trek el único que está a la altura es Quinto y su joven Spock. Tendremos que esperar para ver si la Enterprise levanta el vuelo o acaba siendo tragada por un agujero negro.



Categorías:Críticas

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