Gran Torino: ¡Qué majo que es el viejo vecino cascarrabias!

Walt Kowalski es un veterano de la Guerra de Corea cuya esposa acaba de morir, no se lleva bien con sus hijos y, además, su vecindario ha acabado siendo ocupado por inmigrantes asiáticos (yemas de huevo, como él los llama). Walt está enfadado con el mundo, y el mundo con Walt. Pero esta situación cambia cuando descubre a su vecino a su joven vecino asiático, Thao, tratando de robarle su preciado Ford Gran Torino de 1975. Este episodio que debería hacerle odiar aún más a los yemas de huevo tiene el efecto contrario cuando descubre que el joven actuó obligado por su primo pandillero, un malote incapaz de vivir y dejar vivir. Cuando, poco después, salva a Thao y a su familia del acoso de los susodichos malotes Walt se ve paradójicamente convertido en un héroe de la comunidad asiática que odiaba y se inicia una relación paterno-filial con Thao y su hermana Sue que desemboca en una dura confrontación con la banda del barrio.

La tesis de la película se resume en una frase del propio Walt: “Tengo más en común con los yemas de huevo que con mi propia familia. Hay que joderse”. Un mensaje muy bonito, pero muy tópico y facilón, y explicado a través de una trama que, si quitas al Gran Clint de en medio, podría ser la de cualquier TV movie de Antena 3 con la que se duerme la tele-siesta los domingos por la tarde.

Pero gracias a Dios, dormirse con el Gran Clint en pantalla es absolutamente imposible. De su boca han salido varias de las mejores y más lapidarias frases de la historia del cine. Desde el “Alégrame el día” de Impacto súbito, a “como alambre de espino y meo napalm” de El Sargento de hierro, y con Gran Torino la oferta de sentencias eastwoodianas se amplia. Y es que, igual que la historia del Sargento Tom Highway, la gran baza de esta película es la actuación del Gran Clint y las magníficas y salvajes réplicas que salpican el guión escrito por Nick Schenk. Eastwood consigue con su gran papel, el solito, dar solidez a una trama que de otra manera no hubiera tenido mayor interés. Eastwood se despide de la actuación con una gran traca final.

Y esa es la razón por la que Gran Torino pasará a la historia del cine. No por ser una obra maestra, que no lo es, sino por ser la última película en la que actúe esa bestia llamada Clint Eastwood que, con 79 años, a partir de ahora se dedicará exclusivamente a la dirección. Y como Eastwood hace tiempo que sale en los libros de historia del cine, Gran Torino también lo hará. Es cierto que su carrera, tanto como actor como director, es bastante irregular, con algunos bodrios como El Principiante o Firefox, pero Eastwood será recordado por papeles como Harry el sucio, Million Dollar Baby, El Bueno, el feo y el malo y por haber dirigido y protagonizado el último gran western: Sin perdón (con permiso de Deadwood). 45 años después de su primer papel protagonista, Joe en Por un puñado de dólares de Sergio Leone, no volverá a ponerse delante de las cámaras.

Y eso es lo importante deeste filme. Trama tópica y mensaje tópico, pero tiene la suerte de estar liderada por un monstruo de la gran pantalla que, además, se despide como actor. Esa será la leyenda de Gran Torino.



Categorías:Críticas

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